martes 22 de diciembre de 2009
Un Jueves "Caotico"
miércoles 16 de diciembre de 2009
Relación dialectica Máquina - Hombre
lunes 7 de diciembre de 2009
Observaciones de un hombre poco tacto
He visto hacer cosas difíciles en mi vida, desde cambiar un ventilador de techo (?) hasta predecir el ciclo económico de la Argentina. “He visto tantos monos, nidos, platos de café………..”, hoy y como para no perder la costumbre, me sumerjo entre los asientos y los boletos, para dar cuenta de un arte que sufre el menosprecio y la incomprensión de muchos, entre los que me incluyo.
Todos conocen a esta altura mi predilección por la vida colectiva y la vida “colectiveril”, por sus blancos y negros (“Yo no tengo grises y vos Passman, también la tenes adentro”), sus idas y vueltas, sus Retiro – Flores, sus Constitución – Lomas del Mirador, sin embargo el tema que me atañe hoy esta vinculado con las mujeres, con ese misterio que las constituye y las transforma en seres indispensables en nuestra vida. Un misterio que las constituye, que las atraviesa, como a todos nosotros, seres del más acá, nos ocurre con la ideología por más que concientemente no lo sepamos.
Además de ser la fuente principal de la vida, dueñas de un espacio lleno de calor y que conserva la vida de este mundo tan loco y perverso que nos inunda de publicidades sin sentido y de Marcelos Bonellis y Gustavos Silvestre (?), además de luchar incansablemente contra el machismo que gobierna al mundo, si, además de todo eso, se maquillan arriba del colectivo y sin poder explicármelo, jamás sufren accidente alguno.
Ahí esta ella, no importa en este caso como se llama, lo que si importa es que luego de apoyar la cartera en sus piernas y abrirla, saca los instrumentos a utilizar y mientras con una mano sostiene un minúsculo espejo con la otra se pinta los labios prolijamente, sin un mínimo defecto. Pienso, si yo fuera mujer, eso a mi me resultaría imposible, es mas creo que terminaría cantando al ritmo de “chu chua chu chua” y creyéndome Piñón fijo. En el último asiento de la fila de un solo asiento, hay una chica de rulos que maneja la jabalina para acomodarse las pestañas con una maestría inusitada, ante las frenadas inescrupulosas del chofer, ella imperturbable, le da el toque final a sus ojos, antes de, imagino, llegar a su trabajo.
No puedo entender como lo hacen, ni porque lo hacen allí arriba, aunque puedo suponer que por la falta de tiempo en los tiempos que corren. Estoy seguro, sí, de que es un hecho artístico, el delinearse los ojos en el 71 a las 8 de la mañana cuando éste está perdido en las entrañas de Villa Urquiza. Es un arte, que me resulta improductivo, pero arte al fin, el pintarse la cara con tanta maestría, sin sufrir una lesión ocular al intentar poner la sombra donde debe dar la luz (?), el de pintarse los labios sin que una loma de burro les tatúe un garabato en la calida piel.
En fin……observaciones del hombre poco tacto y bue..ahora los dejo tranquilos que me tengo que ir a depilar arriba del clark del deposito donde laburo (?)
viernes 27 de noviembre de 2009
La duda, la almohada y el Planetario
Yo jamás dude de la capacidad intelectiva de los chicos que se reunieron en el Planetario para pegarse almohadazos, en definitiva, desde mi humilde opinión se trata de un grupo importante de aburridos, de los cuales, no hacernos cargo es un error, pero bue…. ¡¿Ir a pegarse almohadazos al Planetario?!
Ahora bien, de lo que dudo y seguiré dudando es de la almohada. En primer lugar porque pienso (y luego existo) que para fundar mi opinión sobre ella debo conocerla y como en los tiempos que corren no se puede confiar en y de nadie (“viejo, poné CN5”), lo mejor es dudar de ella. Yo hace unos años, luego de que TN me mostrara lo que es el periodismo independiente, decidí adoptar como método para conocer a las personas y a las cosas, la duda: un verdadero estandarte en tiempos de INDEC manipulado (“nena, si querés aprender, escúchalo a Silvestre”).
Un vez que dudo, caigo en la cuenta de que mi duda me hace un ser pensante y que como tal, jamás equivocaré el sendero, mas allá de que mis sentidos se empeñen en demostrarme lo contrario. A parte una vez que conozco lo que deseo, en este caso, la almohada, trato de apropiármelo. Yo me reconozco con actitudes funcionales, de esos que observan a las cosas para ver si le sirven o no. Ahora bien, como sabrán, las cosas existen porque las pienso, porque soy un ser pensante, me da vergüenza decirlo, pero muy pensante. Lo mío es el racionamiento, soy un ilustrado, un hombre que junto a la duda y a la razón ha logrado ser un trabajador municipal inclaudicable.
Yo soy un ser con pensamiento critico, a tal punto que evidenciando diferencias con mis amigos y familiares, cuando sucedió aquello de los almohadazos (“este Rial esta en todas, vistes Susana”) supe que los responsables de aquel encuentro estaban mal influenciados y la responsable era ella, la inevitable almohada. Es fácil echarle la culpa a un grupo de chicos que ya han jugado tres horas a “la play” de los destinos de las plumas de ganso. Es fácil dudar de ellos, pero…..
¿Por qué nadie duda de la almohada? ¿Acaso nadie se atreve a conocerla? ¿Temen sufrir pesadillas luego de conocerla más profundamente?
Dejen de lado la sensibilidad y piensen, reconózcanse como seres pensantes, digan “yo pienso, yo existo”, reconozcan las cosas por medio de la razón y por medio de ella duden de la almohada, porque así la conocerán mejor y sabrán que atrás de ella están Piero, Simmons, Suavestar y un sinfín de textiles muy felices por lo sucedido en el Planetario.
Piensen esto: dormir cuatro horas, es dormir poco, pero si hacemos memoria Bernardo Neustad afirmaba cotidianamente que esa era la cantidad de horas que dormía por día, entonces un ser pensante como yo, como no va a dudar de un elemento hecho para la comodidad, que no tiene la capacidad de tomarse la tarea solidaria de dejar descansar en paz a alguien que como TN, CN5 y Rial, se han encargado de formar una mente dubitativa como estrategia para el conocimiento; conocimiento basado en la razón. Razón que jamás encontré en la almohada para prestarse a ese juego tan absurdo, porque dudo.
¿Saben por qué? Porque escucho al fenómeno ese, el Baby Echecopar.
jueves 19 de noviembre de 2009
Conversaciones de un hombre desvelado
Yo por mi parte he adquirido la costumbre de entablar largas y nocturnas conversaciones con la almohada. Siento un deseo irreductible por conocerla y las veces que no la tuve conmigo, la extrañe, sobre todo cuando devenido en viajero frecuente, en la carpa tuve que dialogar con dos pulloveres y un buzo, que me contaban hasta el sueño sus anécdotas de cuando fueron utilizados como palos de arco de fútbol en los picados de la Plaza Santojanni.
Recuerdo que la primera vez que charlamos, le pregunte si ella se sentía parte de aquello que naturalmente llamamos cama. Sin arrugarse ni mostrarse incomoda, me contestó que lo había charlado durante largo tiempo con distintos colchones y que con todos habían llegado a la conclusión de que el todo es mas que la suma de las partes. Aquella afirmación me permitio creer, seria mas preciso decir interpretar, que para poder conocerla mas en profundidad debía saber que el territorio cama era inabordable y que todas las almohadas, incluso ella, para poder darse a conocer tenían que entablar una comunicación fluida con sus interlocutores. Desde aquellos que la alejan de sus cuerpos, pasando por aquellos que se funden en un abrazo genuino y estremecedor hasta aquellos que solo descansan su cabeza sobre la funda que la recubre, si es que alguna la recubre.
Al verme pensante, sostuvo un tanto mas arrugada, la experiencia, el experimentar con aquello que queremos conocer es lo que nos permite el conocimiento y que no valga la redundancia. Solo podrás saber de mi un poco mas según el contexto en el que establezcamos el dialogo.
¿Queres decir que mi relación con vos va a ser subjetiva?, le pregunté, y sin ponerse colorada me dijo: como todas las relaciones que estableces. Hizo un silencio efímero que interrumpió por una certera exclamación, "No existen los hechos, existen las interpretaciones", eso lo dijo Nietzche que no era almohada.
Es el día de hoy que sigo charlando con ella, con el fin de conocerla un poco mas, cada vez que estoy tirado en ese territorio inabordable que concensuadamente conocemos como cama, en donde algunos usan sabanas y frazadas, otros descansan su agotado cuerpo mientras yo, a veces, abrazado, otras distanciado hasta incluso algunas veces escondido debajo de ella, trato de conocerla.
Menos mal que hablamos la misma lengua, porque las únicas fronteras en este mapa territorializado, son justamente los idiomas.
lunes 2 de noviembre de 2009
Un sueño PROvocado
Uh, que tarde se me hizo, esto de tirarme a ver el partido de San Lorenzo contra Boca Juniors de la liguilla del 88`, como dice mi compañera, “siempre mirando partidos viejos” y hacerme unos mates, me aleja siempre de los objetivos futuros en cuanto a horarios y puntualidad.
Todavía tengo que limpiar los platos del lunes a la noche, que no fueron lavados para poder ver tranquilo a Violencia Rivas y sus ataques de rabia, de reírme con la enseñanza a la hora de escribir canciones para parecerse a Los Redondos y su “chupa troskos, chupa troskos, chupa mielcitas en el putikiosco”. Por dios! Que tarde se me hizo!
La cama deshecha y la ropa arriba de la silla mas las zapatillas (dos pares) allí en el suelo, allí, son un panorama desolador, salvando las distancias, una especie de Bagdad sin escombros y yo que estoy en deshora.
Debo recordar apagar la estufa y abrir un poco las ventanas, limpiar el dentífrico de la bacha de la pileta del baño, barrer las migas de la picada de ayer, sacar la ropa del lavarropas y colgarla para que no quede con olor a humedad.
Llevar la pava a la cocina, vaciar el mate para que no se pudra (lo compre en Colonia, Che!), cerrar el tacho de las galletas porque sino de humedecen y no hay nada mas feo que una Opera húmeda. En fin, que quilombo es todo esto, tengo que estar en 45 minutos en el Obelisco. Me baño? Si, como no me voy a bañar. Pero me quedara menos tiempo y bue….es, dicen, una cuestión de higiene personal y ajena por lo que veo. Me quedan 30 minutos, menos mal que tengo el subte acá cerca, Triunvirato y Monroe, una vez allí arriba, en el topo metálico, el viaje dura nada, vendrán Pampa, Los Incas, Tronador y así sucesivamente hasta Carlos Pellegrini, me bajaré y me encontraré con ella, con mi pequeña gran diosa para hacer nuestro camino predilecto hasta El Cuartito, una grande de muzza y luego a las librerías a ver si compramos algún editado de símbolos varios. Me tengo que apurar, le dije que llegaba a las 20.30 y son ya 20:02, tengo las llaves, la billetera. Me llevo abrigo, no, estamos en primavera. Listo, salgo. Son 6 cuadras y menos mal que tengo una tarjeta subterránea de más y hoy, solamente por hoy, zafo de la cola eterna de los subtes. Que lindo esta el barrio, mucha gente en la calle por ser Jueves. Agarro por Bucarelli, doblo en Blanco Encalada hasta Triunvirato hago unos 50 metros y anda a cantarle a Gardel, estoy en la nueva estación del subte que inauguro Mauricio Macri………¿Y la estación? ¿Dónde esta la estación? Si hace 3 años que vivo acá, y ya estaban las obras avanzadas y cuando asumió dijo que las iba a terminar, haciendo 10 kilómetros de subte por año. Noooooooo, ¿y la estación? No llego. A la mierda la Pequeña Gran Diosa, Los Incas, Carlos Pellegrini, El Cuartito, la grande de Muzza, las librerías, los símbolos…….
“Fede!! Fede!!! Fede!!! Despertate Fede”. “Dale, pegate una ducha que nos vamos a dar una vuelta”. A donde vamos? Al Cuartito, no te acordas que arreglamos para ir hoy. Ah, cierto! Y como vamos?
En subte, Fede, en subte. Como siempre.
viernes 23 de octubre de 2009
La gimnasia de los gestos
Así como hay medialunas de manteca esponjosas, almibaradas y sabrosas, hay también medialunas de grasa, crocantes, secas y muy ricas. Así como hay manzanas verdes, acidas, agrias y refrescantes, hay manzanas rojas mas arenosas, menos jugosas y cortadas por Gerardo (?).
Variantes y variables son también las que manejan los pasajeros en el instante previo a transformarse en ellos, ese instante en que una mano extendida, un gesto oportuno, si es observado por el chofer, hará que se detenga el móvil y comenzar el camino que así como puede llevarnos al trabajo, tal vez nos pueda sumergir en las arterias del barrio de Flores y porque no, en el Dupuytren luego de un choque entre nuestro colectivo y un carrito de pochochos y manzanas acarameladas que cruzo en rojo la avenida Directorio, cubriendo de maní toda la calzada, en lo que se presume como un ataque comunista (?).
Como les decía, al momento de ver venir un colectivo, el abanico ofrecido por los hasta ese momento no-pasajeros para detener el colectivo es divertido, aeróbico, frenético y porque no, absurdo.
Allí esta ella, con su ropa fina blanca, su cartera a punto de estallar, con gestos ampulosos y equilibristas, tratando de llamarle la atención al colectivero, sin darse que cuenta que en la cola no esta sola y que no hace falta someterse a tal peripecia para lograr un destino no incierto al cual se accede diciendo “1.25 por favor”. Mientras levanta la mano que empuña una bolsa con un libro, el taper con la vianda y el paraguas por si llueve, con la otra intenta sacar las monedas de ese bolsillo que se ha vuelto un tanto estrecho y que en definitiva, la somete, con clara intención perturbadora, para ver si toma conciencia de que tratar de parar el colectivo de esa manera es una tarea ardua y desgastante y mas si se realiza todos los días. ¿Animales de costumbre nosotros? No, para nada!
Esta también aquel, que espera el colectivo alejado de la parada, lejos de fila, como con cierta fobia a la alineación colectiveril, pero que cuando lo ve venir, realiza un paso apurado, sagaz, baja el cordón de la vereda y allí, sobre el asfalto, plantado cual comandante en jefe, se para firme y extiende su mano, que con un poco de suerte es esquivada por el taxista que venia a paso de hombre pero que la chata que venia atrás puteandolo en todos los idiomas, se lleva puesta, generando un fastidio indisimulable en el futuro pasajero, que subirá al colectivo, emitiendo una gran cantidad onomatopeyas, que van del “uff”, “phuf”, “nitch”.
Esta también el indeciso, ese que no se define si detener el colectivo con la mano claramente extendida o con un simple gesto de la mano a la altura de la cintura, levemente alejada del cuerpo. Este tipo de “fileros” de parada de colectivo, suele aparecerse por las tardes/noche, y mas de una vez pueden hacernos perder el colectivo, dado que si su duda se extralimita y esta duda se funde con la predisposición del chofer de no detener la marcha porque el semáforo esta en verde, indefectiblemente tendremos que esperar otros 15 minutos.
Infinidad de gestos, movimientos, caras y formas encuentran lugar en las paradas de colectivos a la hora de tratar de indicarle al chofer que nuestro cuerpo deberá en breve estar situado entre sus fierros y asientos, entre los cuerpos y el vaho, entre las ventanas cerradas por el frío y la pelusa de los pulloveres ajenos en nuestra “trucha”, entre las monedas de 10 centavos y los ring-tones de moda, entre manzanas arenosas y medialunas de manteca almibaradas, entre los maníes y el ataque comunista.
¿Y Gerardo? Que se tome el que viene atrás….